Aguila Pescadora en Segovia

El pasado mes de agosto mientras observaba el ir y venir de una pareja de jovenes aguiluchos en una laguna situada en la provincia de Segovia, me ví sorprendido por la presencia de un águila pescadora que se cernía sobre la laguna buscando alguna de las numerosas carpas que allí habitan.
Estaba medio escondido tras unas eneas y para mi sorpresa veo que la pescadora inicia un vuelo decidido hacía mi posición y pude tomarla una serie de fotos en las que el ave hubo un momento en el que no me cabía en el encuadre.
Fue toda una experiencia y como naturalista, me picaba mucho la curiosidad por saber la procedencia de éste ejemplar al comprobar que portaba anillas identificativas en sus tarsos.
Me puse en contacto con Eva Casado que es la directora de la Fundación Migres y utilizando sus contactos pudimos conocer casi todo sobre aquella pescadora incluso con fotos del día del anillamiento del ave.
Se trata de una hembra joven anillada el 22 de junio de 2016 a 50 kms del bosque de Orleans en Francia.
Un curioso hallazgo resultado de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado o quizás resultado de pasar tantas y tantas horas por el campo observando todo aquello que se mueve.





Amenizando las esperas.

Es por todos sabido que las esperas a las águila reales y otras grandes rapaces suelen ser arduas no solo porque las condiciones meteorológicas sean duras sino porque además en sus escarpados territorios en ocasiones la fauna es escasa y muy recatada precisamente por el recelo que suscita la presencia de estos poderosos depredadores.
Estar horas sin ver un solo ser vivo digno de atención es bastante duro y desmoralizante pero lo cierto es que en ocasiones uno se ve sorprendido por animales que jamás esperaba encontrar por allí y el encuentro llena de satisfacción y rompe la monotonía de la sesión.
Como curiosidad, comentar que el zorro parece haberse hecho visitante asiduo y nos ha perdido el respeto tanto al macho del águila como a mí aunque cuando viene la poderosa hembra, el zorro corre y desaparece no volviendo a aparecer por la zona mientras ella permanezca por allí posada.










Aguilillas Calzadas

Esto de la fotografía de naturaleza es algo impredecible.
Sales a campear con la idea de buscar una especie determinada y en un alto porcentaje de ocasiones terminas fotografiando otra especie totalmente distinta a la proyectada inicialmente.
Después de observar durante varias jornadas a un joven halcón peregrino en una pequeña hoz, decidí probar suerte e intentar fotografiarlo pero lo que me encontré fue una pareja de águilas calzadas.
Yo diría que el halcón era un joven pasajero errático que se asentó en la zona durante unos días y al abandonarla, dejó el campo despejado para que las calzadas se decidieran a asentarse en el lugar
y comenzar a construir su nido en un viejo chopo.
El escandaloso celo de las calzadas, su ir y venir con material para el nido e incluso una cópula a pocos metros del hide fueron todo un espectáculo que me hicieron disfrutar intensamente.
Llegué tarde al halcón pero sin duda alguna a las calzadas las pillé en el mejor momento.









La gran nevada del 2016

Parecía que éste año se nos pasaría el invierno sin una sola nevada que al menos tiñera de blanco nuestros paisajes pero en febrero la climatología cambió radicalmente y durante dos o tres días, nevó copiosamente en muchos puntos de nuestra geografía.
El hombre del tiempo advirtió que nevaría en cotas relativamente bajas y de manera abundante  pero no pensé que fuera a nevar de tal manera que en algunas zonas de ventísca se acumulará medio metro de nieve. Acceder hasta la zona agreste y escarpada donde fotografío a las águilas reales fue realmente complicado. Por carretera con la tracción a las cuatro ruedas fue bastante sencillo circular pero me fue imposible evolucionar por los caminos debido a la gran acumulación de nieve que había en algunas curvas.
Conseguí aproximarme bastante pero para evitar quedarme atrapado, no me quedó otra que dejar el coche a un lado del camino y patear (cargado como un burro) hasta el tumbi.
A oscuras, caminando con fuerte ventísca, con la nieve rociada violentamente sobre mi cara, hundiéndome, patinando, tropezando y fatigandome a cada paso, pude llegar hasta el tumbihide que estaba semienterrado por la nieve acumulada.
Llevaba mucho tiempo pensando hacer fotos de las reales con nieve y un zorro pero hasta ahora no se habían dado las condiciones necesarias. Casualmente esa misma semana, mi amigo David me proporcionó un zorro adulto que encontró atropellado y casualmente ese fín de semana cayó una buena nevada. Por fín!!!
Debido al fuerte viento, las reales no posaron con su mejor pose pero las fotos están ahí; macho y hembra juvenil comiendo zorro con un ambientazo invernal inmejorable.

  El tumbihide semienterrado por la nieve.

 
 
Demasiado madrugador. El macho entró a las 7:55am sin apenas luz.

 
 La joven real entró más tarde, con mejor luz y protegiendo el zorro de los buitres que acechaban.
 
 A las 13:00pm volvió el macho con mejor luz pero con menos nieve ya en el risco.
 El pequeño Hummer se portó como un valiente y sin él no hubiera sido posible ésta aventura.




Mis queridas águilas reales....

Por lo general  los fotógrafos de fauna salvaje que nos buscamos la vida y trabajamos nuestra propia fauna salvaje, tendemos a cebarnos en una especie concreta que por determinadas causas nos proporciona muchas horas de disfrute e infinidad de posibilidades de trabajo y ello puede hacernos sentir que hemos llegado al estancamiento y nos falta progreso. En numerosas ocasiones he oido comentar a gente que si tal o cual fotógrafo solo tiene fotos de una especie concreta o que el estilo de fotos es siempre el mismo.
Pienso que un fotógrafo de naturaleza debe intentar tener un nutrido archivo de especies y sobre todo la experiencia personal de haber estado frente a frente con el mayor número posible de animales pero no me parece ilógico que alguien que disfruta con una especie cercana y accesible, vaya día tras día a hacer fotos de una  o varias especies determinadas si ello le ofrece buenos momentos y lo enriquecen como naturalísta.
Creo que ese es mi caso, un naturalísta consumado con tiempo y fuerzas justas para practicar la fotografía de naturaleza autónoma (sin hides de pago) que busca más disfrutar con pasión de los momentos
que crear un mega archivo de mil especies. Todo es respetable, todo tiene su lógica y cada fotógrafo debe elegir su camino y disfrutar con lo que pueda y quiera.
Como muestra de lo comentado, subo unas fotillos de ésta temporada con las águilas reales que sin duda es la especie a la que más horas estoy dedicando y cuya belleza y poderío me siguen seduciendo como el primer día.
 Aterrizaje apretado y con recorte que muestra la potencia y espectacularidad de ésta especie.
 Una pirueta del joven comiendo mientras vuela.
 Convivencia entre depredador y depredado. Curiosidades del reino animal.
 Pollo del año reclamando comida a los adultos.Menudo escándalo!!
 Hembra adulta despegando.
 Un vuelo del joven prospectando el lugar.
 Macho adulto
 Hembra adulta
  Macho engullendo hueso.
 Hembra juvenil con urraca incordiando.
 Hembra joven descansando.
Retrato hembra joven con niebla de fondo y esa mirada a cámara que tanto me gusta.

Protección neopreno"made in home"

Cuando uno invierte cientos o miles de euros en una buena lente como es el caso de los grandes teleobjetivos, preocuparse por su protección es  fundamental. Una buena mochila de transporte es algo en lo que no debería escatimarse y cubrir el objetivo con las ya clásicas cubiertas de neopreno de camuflaje importadas de estados unidos es muy conveniente para ponerle "una segunda piel" que lo proteja de pequeños arañazos y lo aisle (un poco) de los extremos agentes externos (calor, frio, sol, polvo, salpicaduras...).
Pero en mi caso, pienso que pagar 120 euros por ponerle unos pequeños trozos de neopreno a mi 500mm, es todo un lujo cuando con un poco de maña y tiempo uno mismo puede hacerse el apaño con los mismos resultados, a un precio mucho más razonable y con el valor añadido de estar hecho "made in home".
Buscando por internet, encontré un sobrante de 70x120cms de neopreno con acabado tipo Camo Realtree que traido desde Reino Unido a España, me supuso una inversión total de 33 euros.

 Detalle del rollo de neopreno junto al teleobjetivo a cubrir y los utensilios empleados.
El parasol y otras partes del objetivo no son completamente cilíndricos por lo cual los patrones tienden a tener cierta curvatura. Viene muy bien hacer un patrón previo con papel o cartulina, teniendo muy en cuenta que debe dejarse ~ 2 centímetro y medio más corto del diámetro total para que al coser el patrón, el neopreno quede bien ceñido presionando la superficie del tele.
Detalle de los discos para la capucha que protege la lente del objetivo cuando se guarda en la mochila.
 Es importante introducir un disco de un material rigido entre los dos discos de neopreno para darle consistencia y que ésto realmente sirva de protección ante cualquier golpe frontal fortuito que podamos dar al objetivo durante su manejo al intruducirlo en la mochila u otro medio de almacenamiento.
La fabricación de ésta capucha fue sin duda lo más laborioso y me llevó unas tres horas hacerla.

 En estas dos fotos podéis ver el objetivo completamente recubierto y el detalle del capuchón así como los huecos dejados para tener acceso a los interruptores que en mi caso los he dejado libres sin ese plástico transparente protector que Lens Coat pone a sus fundas y que a mí particularmente me resultan de lo más incómodo.


Después de recortar todos los patrones y una vez finalizado el trabajo, compruebo que me sobra más de la mitad del rollo de neopreno que compré así que sin calcular el costo de mi mano de obra, estamos hablando de un gasto total de ­~10euros por recubrir de neopreno un Canon 500mm IS II. ¡No está nada mal!, ¿verdad?
Con lo que me ha sobrado aún recubriré la Gimbal, las patas del tripode y quien sabe, igual hasta me hago un tanga, jeje.
Espero que os haya sido útil o al menos interesante éste brico fotogáfico.

Falco peregrinus calidus

Esta primavera me acerqué a uno de esos lugares que por su peculiar ubicación, ya hacía bastante tiempo que no visitaba. Pude disfrutar contemplando un par de cernícalos patirrojos que estaban de paso y me concentré en un águila culebrera que descansaba sobre una enorme roca no muy lejos del camino por el que circulaba.
Mientras me deleitaba observando la belleza de aquél portentoso ejemplar con mis queridos binoculares Minox, se me cruza algo por medio a una velocidad de vértigo.Separo la vista de los prismáticos para buscar al proyectil alado y cuando consigo fijarlo, me doy cuenta que es un precioso joven de halcón peregrino que va a posarse justo a unos pocos metros de la culebrera supongo que por curiosear porque el halcón en ningún momento mostró esa agresividad tan característica suscitada cuando algún "invasor" se acerca demasiado a su zona de cría.
Sin más, me emociono, elucubro, me da una de esas corazonadas de rapacero enfermizo y decido hacer un lance. ¡Quien podía resistirse a recechar a aquél impresionante ejemplar, había que intentarlo...!
Para resumir un poco, os diré que el lance fue todo un éxito porque el halcón vino a primerísima hora del día, posando a pocos metros del hide durante algo más de una hora y me hizo bastante ilusión poder fotografiarlo.Desde aquél día no he vuelto a verlo volar por la zona y no creo que vuelva a hacerlo porque intuyo que se trataba de un halcón de paso, quizás un halcón norteño a juzgar por algunos detalles de su plumaje como me indica un gran amigo que conoce bien a los peregrinos. 
Nota: Semanas después de publicar ésta entrada, varios especialístas acreditados me confirman que el ejemplar de las imágenes se trata sin duda de un falco peregrinus calidus.Una rareza (ave en paso del norte de Europa) de la que debo sentirme orgulloso de haber podido fotografiar.




Canon 7D MarKII  +  Canon 500mm F4 IS II  +  Extender x1.4  +  Tripode y Gimbal Induro